El difícil arte de decir no

Nuestros niños transitan una etapa que incluye entre otros logros, aprender a diferenciarse del otro, y por ende a defender lo que es de ellos.
 
Es entonces cuando se desencadenan situaciones de agresividad. La agresividad es un proceso que, es sentido y manifestado desde épocas tempranas por los niños; con el fin de expresar sus broncas y enojos. Su forma de comunicar estos sentimientos es a través de determinadas conductas que suelen ser poco sociables; tienden a gritar, pegar, morder o “berrinchear” siendo, por el momento, su único lenguaje para expresar sus iras o descontentos.
 
Durante éste período evolutivo estas descargas agresivas, deben ser pautadas y limitadas, para que se inicie la comprensión de aquellas conductas que están permitidas y las que no, trasmitidas por adultos significativos para estos niños.
 
“Los límites contienen, dan seguridad y funcionan de guía. Son como la ribera de un río que le da forma a su recorrido, sin ella se formaría un lago”
 
Para poder poner límites es necesario que exista un vínculo de confianza, Que el niño pueda comprender un “no” al cerrar una puerta, al subirse a la mesa, al pegar o morder siempre acompañando cada negativa con una explicación breve y contundente. De éste modo aunque ellos no entiendan o no acepten del todo el motivo por el cual decimos “no”, reconocerán los límites con más facilidad.
 
Pautarles estas manifestaciones los beneficia para enriquecer su personalidad, los conduce a la formación de su independencia e individualidad.
 

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