Las mordidas

Si hay algo que inquieta a quienes tienen a su cargo a los llamados “deambuladores” es el tema de las mordidas.
La preocupación por aquel niño que parece no poder poner freno a su impulso, se transforma en un enojo y sanción del adulto que queda atónito frente a esa escena. Por eso hoy les propongo compartir parte de una pequeña investigación hecha por un grupo de docentes acerca de:
 
¿Por qué muerden los deambuladores?
Si bien morder de vez en cuando, puede ser parte del desarrollo normal, el morder compulsivamente puede ser una señal de que ese niño está sufriendo algún problema emocional o de comportamiento. También podría afirmarse que muchos niños comienzan a morder agresivamente entre la edad de uno a tres años. La inquietud por resolver es ¿por qué?
 
Para la teoría del desarrollo el morder en los bebés constituye una forma de exploración; los bebés usan la boca para explorar porque es una de las zonas desarrolladas tempranamente en su cuerpo.
También podríamos decir que los bebés muerden como una forma primitiva de comunicarse; probablemente el bebé no se da cuenta del lazo entre el morder y el dolor ajeno.
 
“Los bebés también actúan por impulso y carecen de autodominio; bebés tal vez muerdan simplemente porque hay algo allí que pueden morder; otros muerden cuanto están emocionados o reciben demasiado estímulo, también muerden porque quieren oler y tocar objetos, experimentar con la causa y el efecto, o aliviarse el dolor de dentición”.
 
Los niños de esta edad demuestran gamas extremas de emociones, tanto alegres como tristes; demasiados desafíos, exigencias, deseos y obstáculos pueden enojarlos y frustrarlos por debajo del umbral de tolerancia que han podido alcanzar en su corta edad, y entonces muerden.
 
Greenman (1995) sugiere que se puede enfatizar el enseñar a los niños que muerden a desarrollar, y utilizar sus habilidades de comunicación expresiva en vez de morder, para que puedan aprender a “usar palabras” para comunicar sus sentimientos.
 
Si lo vemos desde la Teoría del impulso, diremos que en la infancia, son normales los ataques de agresividad. El comportamiento agresivo del niño es normal y debe ser vivido por él, el problema es saber controlarlo. Muchas veces el niño provoca a un adulto para que él pueda intervenir por él y controlar sus impulsos agresivos, ya que no puede con todo.
 
El niño nos muestra que esta necesitando de un “no hagas eso” o “pare con eso”.
Es como si pidiera “prestado un control” a su padre o madre.
 
Del mismo modo que los padres enseñan a caminar, a hablar, a comer, etc. a sus hijos, deben enseñar también a controlar su agresividad.
 
Un tercer aporte proveniente de la teoría del aprendizaje social afirma que las conductas agresivas pueden aprenderse por imitación u observación de la conducta de modelos agresivos.
 
Es muy importante, por ejemplo, que el niño tenga y encuentre un buen modelo en sus padres, ya que ellos se relacionarán con los demás de la misma forma que lo hacen sus padres. Padres poco tolerantes, agresivos, impulsivos, ofrecen un modelo en el que se pasa rápidamente a la acción sin mediación de la palabra.
 
De acuerdo a estos marcos teóricos, enumeraremos ocho posibles razones, cada una con una sugerencia de acción por parte del adulto indicada con una tilde:
 
1. Comunicación:
Los niños pequeños están aprendiendo a expresarse. Morder es una fuerte señal de algo que el niño está tratando de decir.
• Hay que enseñarles las palabras que pueden usar en lugar de morder.
 
2. Exploración:
Los niños aprenden a través de los cinco sentidos. Morder es otra forma de explorar y experimentar el mundo que los rodea. Se llevan todo tipo de objetos a la boca y a veces los muerden.
• Hay que encaminarlos hacia alternativas apropiadas. Ofrecer cosas que puedan morder de modo seguro como por ejemplo, anillos para la dentición.
 
La dentición:
Cuando los dientes están saliendo, las encías de un niño podrían estar inflamadas y muy sensibles. Morder algo podría aliviar el dolor. Morder a una persona podría sentirse tan bien en las encías doloridas de un niño como morder cualquier juguete.
• Hay que proporcionarles juguetes apropiados para morderlos.
 
3. Causa y efecto:
Alrededor de los 12 meses, los bebés se dan cuenta que cuando hacen alguna cosa, algo más pasa. Cuando aprietan el botón de un juguete, algo salta. Cuando dejan caer una cuchara desde su sillita de comer, ese objeto suena al golpear el piso.
Puede ser que los niños también se den cuenta que cuando muerden a una persona, esa persona grita, pero no se dan cuenta que una mordida duele.
Es posible que muerda para ver qué sucede.
• Hay que explicarles la relación entre la mordida y el dolor.
 
4. Atención:
Morder es una forma rápida de convertirse en el centro de la atención, aun cuando la atención lograda sea negativa. La atención negativa significa el recibir un “No”, con toda seguridad, pero para el niño eso es mejor que no recibir ninguna atención.
• Hay que revisar que tipo de atención estamos ofreciéndole, y que es lo que nos está pidiendo con esa acción.
 
5. Independencia:
Los niños pequeños generalmente afirman su independencia frente a un par. Morder puede ser una forma rápida de sacar un juguete o de correr a otro niño del camino.
• Hay que mostrarles cómo una conducta diferente puede lograr los mismos resultados.
 
6. Frustración:
Un niño pequeño puede también morder si se siente frustrado o incapaz de enfrentar una situación. Hasta que aprenda a jugar cooperativamente, es posible que responda a las demandas de los demás niños pegándoles o mordiéndolos. Entre algunas de las pautas útiles para intentar erradicar este tipo de conducta se incluyen las siguientes:
• Procure que los períodos de una misma actividad del niño no se prolonguen demasiado y que no juegue con muchos niños a la vez. Supervise de cerca a los niños pequeños cuando juegan. Permanezca con él y ayúdelo a tranquilizarse.
 
7. Estrés:
Los niños que están aburridos, cansados, o que tienen hambre podrían morder porque están estresados. Los niños que están pasando por momentos estresantes con su familia, tales como el divorcio de los padres, la llegada de un nuevo bebé, o la mudanza podrían sentirse más estresados y comenzar a morder a los demás. Un niño puede morder si siente un gran estrés emocional. Tenga siempre en cuenta que el hecho de que el niño muerda a alguien puede llegar a tratarse de un signo de sufrimiento o dolor cuando se siente disgustado o enojado.
• Intente averiguar qué es lo que perturba al niño. Observe lo que ocurre justo antes de que muerda a alguien.
• Ayúdelo a descubrir formas alternativas de expresar sus sentimientos. Asegúrese de que entienda que morder no es correcto y aléjelo inmediatamente de la situación. Si el niño muerde, responder con firmeza pero con calma. Asegúrese de que entienda que usted desaprueba esa conducta y aléjelo de la situación. También ayúdelo a descubrir nuevos formas de relacionarse con su entorno.
 
 
 
Artículo elaborado en base al trabajo presentado por Gabriela Díaz (Prof. Educ. Preescolar), Mariela Martínez (Prof. Educ. especial, Verónica Merino (Prof. Música) y Laura Name (Psicopedagoga y Prof. Educ. Preescolar) en Noviembre del 2005.
Adaptado para Educrianza por Lic. Lidia Susana Maquieira. www.educard.org.ar.

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